LA CHILES

 

foto analeti

Cuento por Ana Leticia Menéndez Molina.

–Buen día mi linda señora –dijo dirigiéndose a mí.

–Hola Chiles, gracias por aceptar hablar conmigo. Primero quiero saber tu nombre.

–Eso nunca, no le digo mi nombre a nadie, ya hasta se me olvidó. Ya tiene mucho que nadie me dice mi nombre, mi verdadero nombre. ¿Por qué se lo diría a usted que ni la conozco? Ni sé quién es, ni sé que quiere de mí.

–Yo me llamo Rossana soy abogada titulada de la Universidad de Yucatán, el 7 de noviembre pasado, cumplí 60 años. Y pedí permiso para visitar a las reclusas que nadie visita. Quiero ser tu amiga y enterarme de tu caso y ver de qué forma te puedo ayudar.

“Pero si no quieres platicar conmigo, me busco a otra reclusa que sí quiera. Porque yo sí quiero cumplir con mi promesa de ayudar”.

La Chiles, bajó la cabeza como apenada y me dijo:

–Sólo porque usted se ve de buena clase, educada, elegante y no quiero decepcionarle, le contaré toda mi historia y hasta mi nombre le daré. Estoy segura que usted es de “Ley y sí me hará caso, o más bien, me va a creer. Yo no soy mentirosa.

–Claro que yo creeré lo que me cuentes, y eso escribiré.

Ella comenzó a contar… sentadas sobre el césped:

Mi verdadero nombre es Asunción, mi madrecita que está en los cielos me lo puso porque cuando nací, y ella me miró a la cara, vio en mi rostro la cara de la Virgen de la Asunción. Durante toda mi corta vida, escasos 13 años, mi viejecita me dijo completo mi nombre: Asunción.

Yo no era mala, y mucho menos asesina, sólo defendí a mi hermanita Natalia de tan sólo 4 años, tan pequeñita y débil, pero muy bonita, con carita de muñeca de porcelana, ella sí sufría el abuso del “Bolas”. Yo la escuchaba gritar, se oía por toda la cuadra ese grito desgarrador como todo su cuerpecito, y al “Bolas” le valía madres ese grito, y la violaba cada que se le antojaba. Y mi madrecita no podía hacer nada, ella en silla de ruedas encadenada a un poste, y la llave sólo la tenía el mismísimo “Bolas”.

En realidad Natalia es mi hija con ese mismo esperpento de asco de “Bolas”. Yo sólo tenía 9 años cuando quedé embarazada, y fue cuando mi madrecita quiso rescatarme de los abusos del “Bolas” y él le traspasó el cuerpo con la pala con la que hacía mezclas, pues era albañil, y esa tarde mi madre quedó paralizada, y yo embarazada.

Así pasaron los días, los meses. Al salir mi viejecita del hospital, él la fue a buscar pero no había como traerla, y él le adaptó unas ruedas a una base donde venía un refrigerador, era un tablado con ruedas. Así se arrastraba mi madre, él me seguía violando ya embarazada, y con la misma pala que le partió a mi madre la espalda, esa misma pala la tomó mi madrecita y se la estrelló en la cabeza, pero no murió.

Quedó malherido por algunos días y luego por ese mismo acontecimiento la encadenó al poste, y desde ese momento ella comenzó a vivir encadenada al poste y yo seguía a merced del “Bolas”.

“Pasaron los meses y nació Natalia, al salir del hospital, él vino por mí, y nos seguía maltratando. Yo empecé a trabajar en un bar que había muy cerca de nuestra colonia. Ahí conocí a Nazario, por algún motivo le decían el ‘Sapo’, pero era bueno conmigo, digo bueno porque no me violaba ni me maltrataba, me mandaba a las mesas a atender a los clientes.

Sabe señora hermosa, los clientes me manoseaban yo tan sólo con 13 años. Al cumplir 14, ya me había acostado con muchos, unos muy buenos, no me lastimaban y me dejaban billetes, Nazario me daba casi todo lo que ganaba y me dijo:

“‘Asunción eres muy bonita y tienes buen cuerpo, no mereces esta vida de asco. Te venderé al mejor postor, viene seguido un ingeniero que ha puesto los ojos en ti, y me dará muchos billetes, y te ofrece un mejor futuro, una vida realmente buena, con comodidades y educación”.

Sabe mi linda señora, yo no había estudiado, no sabía ni leer, siempre había sido una basura, y me ilusioné con esa historia de Nazario.

El viernes me entregaría al ingeniero, me dio dinero Nazario para que yo me comprara algo y me pidió que me arreglase el pelo, pero yo no hice nada de eso, le compré cosas a Natalia y a mi viejecita, y me salí de esa casa. 

A las 6:30 de la tarde me citó Nazario en el bar, vi llegar la camioneta del ingeniero, un hombre guapo, muy guapo de verdad, el aroma de su loción era fresco y me gustó su cabello entrecano, de ojos muy azules y dientes muy blancos. En realidad no podía creer que un hombre tan guapo se interesara en mí, yo no era nada. El Nazario se acercó al ingeniero y le dijo:

“’Buenas tardes, ya le tengo listo su encarguito, es una niña muy dulce, será fácil quererla, es como un animalito, con cualquier cosa se conforma”.

El ingeniero mordió algo que luego botó, y ahora sé que era para empezar a fumar su puro, me miró y me sonrió, y me dijo:

“A ver chamaca ven, acércate”, y yo me acerqué. “Cómo te llaman”, y le dije Asunción.

“Ese nombre está de miedo, Te diremos Azucena”, y me sonrió.

“Mira -me dijo delante de Nazario-, yo estoy pagando mucho por ti, porque quiero que me hagas un trabajito. Si todo sale bien te daré mucho dinero y te cruzaré a ti, a Natalia y a tu viejecita al otro lado. Ahí tendrán muy buena vida”. Todo cambiaría para nosotras.

–¿Y qué tengo que hacer? –le pregunté.

–Pues es algo muy sencillo, entregar esta caja de latas de chiles.

–Pues sí que es sencillo –le respondí– ¿Sólo eso ingeniero? ¿Y por entregar esta caja de latas de chiles, me compra y me lleva pal’ otro lado con mi hija y mi  madre?

–Sí –me dijo.

–Pues vámonos porque ya me urge salir de aquí.

El hombre era guapo, muy amable, me ayudó a subir a su camionetota, me pasó a mi casa a dejar unas cajas de mercancía para Natalia y mi mamá, y me dijo: “rápido porque no quiero problemas, déjales todas las cajas y este dinero. No tardes que se nos hace noche.

Con las mismas entré, dejé todo y me salí. Me sentí diferente. Un hombre guapo, linda camioneta y mi próximo futuro.

Nos hospedamos en un hotel lujoso, muy buena comida, era carne, yo nunca había comido una carne tan rica, tan jugosa y tan grande. Comí y tomé leche, además me bañé y me puse ropa nueva y de niña, no de bailarina ni de puta, estaba tan feliz. El ingeniero me dijo: “Ya Azucena, a dormir, que mañana estaremos muy temprano trabajando”.

Nunca me tocó, siempre me trató con cariño y educación, respetuoso y sonriente. Un verdadero caballero.

Dormí muy bien, sábanas blancas, olorosas, me dijo que eran de seda. El baño estaba tan bonito que no quería salir, el desayuno en la recámara, frente el jardín, me sentía tan bien, que lloraba de felicidad. Terminamos de desayunar y me dijo: “Vendrá mi socio y te llevará al aeropuerto y de ahí viajarás para entregar esta caja de latas de chiles”.

Pero dio la tarde y el tal socio nunca llegó, así que el ingeniero muy molesto llamaba y hablaba con mucha gente, y yo gustando la televisión y comiendo lo que nunca había comido, me quedé dormida.

Me desperté con los jaloneos de la policía, me sacaron del hotel por contrabandista de brillantes y piedras preciosas, y de haber matado a balazos al tal ingeniero, que ahora supe que ni era ingeniero.

Sabe mi bella señora, yo a mi corta edad, tan flaca y debilucha cómo iba a poder disparar, y qué iba yo a saber que en las latitas de chiles guardaban millones de miles de pesos en piedras de brillantes. Ni los conocía, nunca había visto esas piedras, no sabía nada, era mil veces inocente de cualquier cargo. Se los he repetido hasta el cansancio.

Tres o cuatro policías abusaron de mí en el mismísimo hotel, una y otra vez, el jefe y otros más seguían abusando de mí, se decía que estaba en resguardo, y todos, ya como diez uniformados, se acostaban conmigo a la hora que les daba la gana. Llenaban el jacuzzi del cuarto y otra vez, así me tuvieron como seis a ocho días, ya ni recuerdo, yo gritaba y pedía auxilio y me esposaron y me taparon la boca con cinta canela.

Terminé con los intestinos perforados, el ano y la vagina desbaratados, y sangraba a tal grado que me llevaron en ambulancia al hospital, y de ahí a la cárcel, como si yo fuera la peor de las asesinas. Y hasta hoy no sé cuál fue mi culpa. 

En algún momento creí que era por la muerte del “Bolas”, que Nazario me dijo en algún momento que lo habían encontrado muerto.

Me apodaron “LA CHILES”, me dieron 20 años por traficante de piedras preciosas, brillantes, diamantes, y no sé qué más cosas, por lo cual mi abogado de oficio me dijo que mejor me declare culpable porque era más fácil para salir de la cárcel.

Nunca se habló de mis violaciones, de mis derechos como menor, como mujer. 

Hoy cumplo 20 años de vida, y digo de vida porque no estoy muerta. ¿Pero qué vida he vivido señora doña inteligente y hermosa?

¿De qué debo estar feliz?

No sé nada de mi viejecita, ni de Natalia. Nadie me viene a visitar porque estoy en el otro lado. ¿Sabrá mi madre de mí?

Ahora ya le conté mi vida, mi hermosa y maravillosa vida, llena de felicidad.

Lo que sí le puedo decir, es que le creí a Nazario, al ingeniero y creí en un mejor futuro.

Sabe usted mi linda Señora, ¿que nadie sabe mi caso?

Sabe usted ¿que nadie sabe nada del tal ingeniero?

Ni siquiera puedo decir su nombre, que camioneta era, el nombre del hotel. Lo que sí recuerdo y muy bien, cómo entraban los uniformados a mi cuarto a abusar de mí.

¿Y la Ley qué ha hecho conmigo?

Sólo olvidar mi caso. A mí ya ni me interesa.

Si algún día salgo, ¿para qué quiero salir?

¿A dónde iría? No mi bella señora, LA CHILES, está mejor aquí. Se lo agradezco, pero no.

 

Hoy, ya tengo 25 meses en el caso de LA CHILES y no hemos avanzado gran cosa, el expediente está perdido. Nadie sabe qué sucedió.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s