EL PRINCIPE SACUCHERO

FOTO OFIC CHUCHO CUADRO

Cuento por Jesús Varguéz Bacab.

El Sacuchero entró por la puerta y el zumbido de sus alas invadió el espacio. Los niños se levantaron de sus banquillos alrededor de la banqueta donde almorzaban, mientras la madre ponía en el lek las tortillas directamente salidas del comal.

–¡Niños, dejen en paz al Sacuchero! –ordenó con autoridad la madre.

–¡Pero mami! –hicieron pucheros los niños, sin embargo fueron obedientes a sentarse, mientras veían con desencanto cómo tras dar varias vueltas, el verde tornasol del Sacuchero encontró la puerta y desapareció.

–Mamá, ¿por qué no nos dejaste agarrarlo para amarrarle un hilo y jugar con él?

–¿Quieren que les cuente la leyenda del príncipe Sacuchero?

El ruido acompasado de las manos de la torteadora dándole forma a la masa se perdió ante la afirmación de los niños.

–Hace mucho tiempo existían dos pueblos que, sin ser nada raro en ese tiempo, eran enemigos, y cada vez que tenían oportunidad se atacaban, así que constantemente se derramaba sangre entre los dos pueblos.

“Sin embargo hubo un espacio en que por sus ocupaciones se dedicaron más a sus labores que a la guerra.

“El rey del norte tenía una hija llamada Lol Mukuy, la que sobresalía por su belleza y su corazón generoso. El rey del sur, por el contrario, se enorgullecía de su hijo un joven altivo y el mejor guerrero que tenía. Su nombre, Sacuchero, por un collar de jade tornasol que colgaba de su pecho.

“Una mañana de mayo, los jóvenes príncipes fueron a refrescarse a un cenote que se encontraba en los límites de ambos pueblos y que llamaban Dzidzilché, por la cantidad de árboles del mismo nombre que lo rodeaban. Ixchel, la diosa enamorada, hizo que los corazones de Lol Mucuy y Sacuchero quedaran enlazados desde ese momento.

“A partir de ese instante todos los días por las mañanas acudían se faltar al mismo lugar y a la misma hora. Por muchos días, que a los enamorados les pareció uno solo, vivieron extasiados en el amor puro que los unía. Hacían planes sin tomar en cuenta la enemistad de décadas de sus pueblos. No faltó un curioso que, pasando por ahí, viese a la joven pareja y reconociendo a la princesa, fue a contar al rey del norte lo que había descubierto.

“K’ab tunich, como era conocido por su fiereza y crueldad, decidió sacrificar a su hija a los dioses antes de verla casada con el hijo de su enemigo.

“Ignorando el destino de su amada, Sacuchero llegó esa mañana al cenote de agua transparente, pero la bella Lol Mucuy no se presentó. Con el corazón traspasado por las espinas del dolor, esperó todo el día sin resultado. Día a día al mostrarse el sol y al ocultarse, el joven guerrero esperaba con la espalda apoyada en un árbol de dzidzilché, mientras las dulces flores caían sobre su cabeza.

“La fortaleza de Sacuchero se iba apagando sin remedio por la ausencia de la mujer que amaba. Yum k’aax, compadeciéndose de él lo transformó en el escarabajo verde que ahora conocemos como Sacuchero, por eso se le encuentra en el árbol de dzidzilché bebiendo el néctar, y muy seguido entra a las casas en busca de Lol Mucuy”

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