EL CALVARIO QUE VIVIÓ MI HIJA CON MARTÍN ALBERTO MEDINA SONDA

 

(Declaración de Doña Ligia Canto Lugo)

 

“Somos el grito de las que

ya no tienen voz”.

Anónimo

 

Ana María Ancona Teigell

Parte I

 

El jueves 22 de febrero del año en curso, a las 9:00 a.m. estábamos en el CJOM (Centro de Justicia Oral de Mérida), esperando el comienzo del juicio por el asesinato de Emma Gabriela Molina Canto.

Nos pasaron a la sala como a las 12 del día y hasta las 12:25 el Juez Sergio Gómez Marfil, con un martillazo, dio inicio al juicio por el delito de homicidio calificado, en contra de Omar Miguel López Tobilla y Jonathan Mézquita Avalos, como probables autores materiales (ya que existe la Presunción de inocencia, hasta que se compruebe lo contrario) del artero y sangriento crimen, cometido el 27 de marzo del 2017, en el fraccionamiento San Luís de esta ciudad.

Con un audio deficiente, que no permitía escuchar bien al Juez, la misma pantallita en la que no distingues a nadie, lo cual considero una vergüenza para nuestro Estado, porque los ciudadanos nos merecemos salas de Juicios Orales con la más alta tecnología, y ante los jueces del Segundo Tribunal de Juicio Oral (un hombre y dos mujeres), y habiéndose identificado todas las partes ante estos: los fiscales Eddiel Zapata Solís y José Manuel Pedro Evia Chávez; y los licenciados Luis Alberto Martínez Arredondo y Efraín Encalada Burgos, asesores de Doña Ligia, así como el abogado de los homicidas, Lic. David Araba Dorantes Cabrera, da comienzo el juicio.

Toma la palabra el Lic. Efraín Encalada Burgos, diciendo: “No hay ninguna duda de que los acusados son los autores materiales del brutal crimen que acabó con la vida de una joven madre de 42 años y dejó en la orfandad a tres menores de edad, ya que todas las pruebas periciales recabadas, así como los testigos, los señalan como los autores materiales”.

Terminó señalando: “Cristo todo lo perdona…los hombres ¡No!”

El Lic. Dorantes, por su parte, señaló en sus alegatos que sus defendidos son inocentes, que vinieron de vacaciones a Mérida y fueron confundidos, por tener rasgos parecidos a los verdaderos homicidas. Además, siguió en su postura de que la Fiscalía explique cuál fue la actuación de cada uno de ellos en el momento de los hechos; que el caso está viciado debido a la presión mediática de los medios de comunicación, que han influido en las autoridades y ciudadanía, para condenar a sus defendidos.

A la 1:15 de la tarde llaman a declarar a Doña. Ligia Canto Lugo, madre de Gaby. En la sala se hizo un silencio sepulcral mientras se encaminaba para sentarse frente al micrófono y comenzar a narrar los acontecimientos del 27 de marzo del 2017.

Con la voz entrecortada cuenta que una vecina de su hija, como a las 3:30 o 4:00 p.m., la llama por teléfono para decirle que Gaby fue apuñalada en la entrada de su casa y yacía muerta en un charco de sangre.

Comienza a llorar, a sollozar, mientras continua diciendo: “Colgué y me puse a gritar, llamé a mi hijo Carlos y le dije que fuera a ver a su hermana. Salí corriendo para la casa de mi niña. Mi corazón de madre desde hacía días presentía que algo malo le iba a pasar, ya que tanto una de mis nietas, como Gaby, me habían contado que la familia de Martín Alberto Medina Sonda las estaban siguiendo, que tenían miedo. Mi Gaby siempre me repetía: ‘mamá, me va a matar, no me quiero morir, mis hijos me necesitan, tengo miedo mamá’.

El llanto y los sollozos eran tan profundos que no le permitían articular palabra alguna. En ese momento, la psicóloga que está designada para la atención de víctimas les pide a los jueces que paren el interrogatorio. Acceden y la especialista se dirige a Doña Ligia, se sienta a su lado, la valora y habla unos cinco minutos con ella.

Algunos no pudimos evitar que las lágrimas rodaran por nuestras mejillas y conmovieran las fibras más íntimas de nuestro ser. Es muy difícil describir tanto dolor, tanta desesperación, tanta tristeza de esta madre que tiene desgarrado el corazón, a la que le clavaron una daga, que sangra hasta el día de hoy.

Me di cuenta, que esta gran y valerosa mujer tenía un pequeño rosario entre sus manos, que lo apretaba con fuerza, como queriendo que la ayudara a soportar la presencia en esa sala de los homicidas de su amada hija. Una madre con el corazón roto, hecho pedazos, por la muerte de su “chaparrita”, como le decía.

Más calmada y sin dejar de mirar a los acusados, continuó diciendo: “Cuando llego, su casa estaba llena de patrullas y policías. Al verla tirada sin vida, ensangrentada, frente a la puerta de la entrada, una parte de mi alma y mi corazón murió con ella. Desesperada, saqué a mis tres nietos, que no dejaban de llorar y gritar ¡Mamá! ¡Mamita! Tuvieron que brincar el cuerpo de su madre y mancharse los zapatos de sangre, para que no siguieran viendo esa aterradora imagen.

“Gaby se casó con Martín Alberto Medina Sonda en el 2001, lo conoció en un hotel en el que laboraba cuando terminó su carrera. Después de un tiempo, Gaby se embarazó, nació Mariana, después Martín y luego Isabela.

“Comenzamos a darnos cuenta que Martín Alberto Medina Sonda era un hombre celoso, controlador, manipulador, posesivo, que ofendía a mi hija con insultos, la menospreciaba. Era una mala persona, que no pensaba en el daño que les hacía a sus hijos con su comportamiento.

“Gaby no aguanta que la siga tratando así y se separa del padre de sus hijos. Desde que Gaby lo dejó, Martín Alberto Medina Sonda no dejaba de llamarla, acosarla, amenazarla, hostigarla, para que regresara a su lado. Mi hija se negaba y él, le decía: ‘si no regresas conmigo, te vas a arrepentir, si no eres mía, no serás de nadie más, eres una cucaracha y te voy a aplastar, yo tengo mucho dinero y poder para hacerlo’.

“La vida de mi hija junto a Martín Alberto Medina Sonda fue un martirio, un calvario, pero ella nunca dejó de cuidar y proteger a sus hijos.

“En el 2010 le fabricó un delito por maltratar a sus hijos, en la agencia 35… Expediente No. 32/89/2010, pero mi hija, salió inocente.

“El 25 de mayo del 2012 la detienen en la calle frente al parque de la Colonia México, con lujo de violencia y en presencia de sus tres hijos. Martín Alberto Medina Sonda, con pistola en mano, se baja de otro coche y se lleva a sus hijos. Gaby es trasladada al penal de Tabasco, acusada del robo de una camioneta. Sale libre el 29 de septiembre del mismo año. Ya libre, se viene a vivir conmigo, aquí en Mérida. Y, comienza el calvario de recuperar a sus hijos.

“Los delitos fabricados en contra de mi hija siguen, por lo que Gaby tuvo que ser trasladada a refugios de resguardo, durante año y medio, para que no fuera detenida por clonación de tarjetas y ser llevada al Reclusorio de Santa Martha Acatitla, México.

“A mí me detienen en Mérida en agosto del 2014, ya que el delito fabricado también era en mi contra, me llevaron al penal de alta seguridad de Puente Grande, Jalisco, en todo el trayecto me preguntaban amenazantes, agarrándome la cabeza y jalándome, una y otra vez: ‘dónde está tú hija’.

Permanezco diez días. Salgo, cuando se comprueba mi inocencia.

“Desde el resguardo, Gaby me llamaba todos los días, muchas veces la escuchaba desesperada porque no quería estar ahí, sino buscando a sus hijos, se le caía el pelo, se deprimió, yo sentía la gran necesidad de salir corriendo hacia donde ella estaba y abrazarla, acariciarla y llenarla de besos, para que se calmara. Fue horrible, espantoso, no poder estar con ella.

“En enero del 2017, Martín Alberto Medina Sonda la llama y le dice: ‘perra, por tú culpa estoy aquí preso en Tabasco (por fraude al erario de Tabasco), regresa conmigo y te voy a tener como una reina, pero si no lo haces, tú lo vas a pagar’.

“Mirando a los asesinos de su hija, Doña Tere concluye diciendo: ‘por órdenes de Medina Sonda y habiéndoles pagado la cantidad de $30,000 pesos a cada uno, ellos mataron a sangre fría a mi hija el 27 de marzo del 2017.

“Mi niña, mi chaparrita, no se merecía esto. Ella no merecía morir así, mis nietos no se merecían quedarse sin el amor de su madre. Nosotros, su familia, no nos merecíamos que nos la quitaran de esta manera”, finalizó.

Después de la emotiva declaración de Carlos Molina Canto, hermano de Gaby, de la que se siente muy orgulloso y es un ejemplo de vida para él a seguir. Se termina la audiencia a las cinco de la tarde.

Gaby fue víctima y mártir de Violencia Institucional y de un gravísimo pecado, llamado, “Omisión” por parte de las autoridades de nuestro Estado.

 

¡EXIGIMOS JUSTICIA PARA GABY!

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