LOS JÓVENES Y EL SUICIDIO EN MÉXICO

 

 

“Lo que la mayoría no sabe, o parece

ignorar, es que el suicida ya está

muerto antes de saltar”.

Javier Villatoro

 

Por Ana María Ancona Teigell/

 

Un tema muy delicado, preocupante, y un grave problema de Salud Pública para toda la sociedad es el suicidio de jóvenes que tenían toda una vida por delante y truncaron su futuro.

Quizá, para muchos, es difícil de entender, comprender y asimilar. Sobre todo cuando somos una generación que vivimos una esplendorosa juventud, arropada por el amor de nuestros padres, dónde la madre siempre estaba en casa cuando llegábamos del colegio; no existía la diferencia social, no teníamos celular, sólo había un televisor en la sala y, para no aburrirnos, salíamos a la calle a jugar, llegábamos en bicicleta a casa de las amigas y compartíamos momentos de alegría y felicidad.

No había tantos antros y solas no podíamos salir a coquetear; nuestros hermanos eran los compañeros que nos cuidaban cuando el novio nos invitaba a cenar.

¿Qué pasó? Creo que la tecnología nos alcanzó. Comenzaron a aparecer las computadoras, el celular; los televisores en los cuartos fueron mermando la convivencia familiar, el diálogo.

Las crisis en la economía hicieron que papá y mamá tuvieran que trabajar para poder sustentar los gastos de la familia, y pareció la violencia intrafamiliar y más.

Los jóvenes se enfrentaron a un mundo de aislamiento y soledad, de ausencias paternales, que les quitaron el cuidado y el afecto, tan necesarios a esa edad.

Los antros inundaron la ciudad. Ahí muchos encontraron la manera de ahogar en el alcohol y las drogas sus tristezas y dolor, sin que nadie se diera cuenta y frenara tanto abandono y desilusión.

Los expertos dicen: “El suicidio se ha convertido en la segunda causa de muerte en nuestro país entre adolescentes, debido a que cada 24 horas, 16 jóvenes de entre 12 y 24 años terminan con su vida por diferentes causas”.

La Asociación Internacional para la Prevención del Suicidio (IASP) y la Organización Internacional de la Salud (OMS), revelan que cada día alrededor de tres mil personas ponen fin a su vida. El primer lugar de América Latina que registra más suicidios es Argentina, seguido por Venezuela, Brasil y México.

De acuerdo con datos del Instituto Nacional de Estadística Geografía e Informática (INEGI), el grupo más vulnerable de cometer suicidio es el de las mujeres jóvenes; sin embargo los hombres son los que cometen un mayor número y con más éxito, debido a que los métodos que eligen son definitivos (armas de fuego). En tanto ellas, eligen métodos menos letales (pastillas o cortes).

Jalisco se posiciona en el primer lugar de los estados de la República Mexicana, le siguen, Veracruz, D.F., Chihuahua, Guanajuato, Nuevo León, Sonora, Yucatán y Tabasco.

Entre las causas más frecuentes de suicidio, se encuentran:

1.- Problemas afectivos (desamor o violencia).

2.- Ausencia espiritual (conflictos de personalidad, existenciales y trastornos mentales).

3.- Problemas económicos y sociales (abandono del hogar o de padres, trata de personas, bullying).

4.- Depresión y enfermedades crónicas o definitivas (una de las características determinantes es la presencia de dolor).

5.-La falta de comunicación entre padres e hijos

6.- Otros factores adversos, son la presión a la que están sometidos los jóvenes ante el constante bombardeo consumista y competitivo, provocando que se planteen metas a veces inalcanzables, que les impiden disfrutar de una mejor calidad de vida a la que aspiran.

Los jóvenes muestran las señal de alarma de un suicidio a través de varias conductas: Obsesión con la muerte; advertencias directas o indirectas de suicidio; poemas, canciones, ensayos o alguna forma de arte que use la muerte como tema principal; declaraciones como: “me quiero morir” o “me voy a suicidar”, siempre deben ser tomadas en serio y requieren de intervención inmediata; cambios dramáticos de la personalidad o apariencia, incluyendo comportamientos irracionales; regalar objetos muy preciados; alejarse de amigos, familiares y actividades que solía disfrutar.

También una baja en sus calificaciones; cambios en sus hábitos alimenticios o de sueño; conducta violenta o rebelde (como huir de casa); falta de cuidado a su higiene personal; repentino consumo de drogas y alcohol; quejas de dolor de estómago, cabeza o cansancio (usualmente relacionados con emociones); dificultades para concentrarse o aburrimiento; no aceptar cumplidos”.

¿Cómo evitar un suicidio?

Trata que tu hijo o hija hablen de sus sentimientos y no los juzgues; escucha lo que te dicen, tanto de forma verbal como con su lenguaje corporal, y no le des lecciones; hazle preguntas directas de sus planes. Deja que tu adolescente sepa que estás ahí para escucharlo y ayudarlo, y busca ayuda profesional.

Recuerden padres, amigos, maestros, familia, que reconocer las señales de suicidio de un adolescente puede ser la diferencia entre la vida y la muerte. Recuerden que hablar de suicidio, más que una señal de problemas, es una llamada de atención que no puede pasar desapercibida.

La preocupación de los especialistas es que cada vez se presenta el suicidio a edades más tempranas.

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