AMOR NO ES SINÓNIMO DE EUFORIA

 

 

Por Luis Chay Chuil/

 

Cuando estas líneas vean la luz ya habrá pasado el Día de San Valentín, pero como eso es sólo producto de la mercadotecnia, hablar de un valor verdadero y sincero como el amor es y debe ser tratado todos los días, porque no pasa de moda y es tan indispensable como el oxígeno, motor para vivir y compartir.

 

Así que después del preámbulo desgranaré algunos conceptos acerca de este valor que a todos invade, a unos más que a otros, pero que cada cual vive de diferente manera y según le vaya en la feria de la vida.

 

Amar es valorar todo lo que hay en la otra persona a la que se elige para compartir y complementarse; potencializar sus virtudes, tolerar y minimizar sus defectos; apoyarle para que con cariño, ternura, paciencia y dedicación transforme sus errores en aciertos.

 

Es una decisión, un acto libre y consciente que viene de la voluntad, va acompañado de un sentimiento: deseo quererte. Sin embargo, no todo es miel sobre hojuelas y en el camino hay obstáculos que sortear; por ejemplo, durante el enamoramiento las emociones se exacerban y el amor puede no ser tan verdadero.

 

Cuando se da este punto, de alguna manera hay un engaño, porque la euforia ofusca y prevalecen las ilusiones que se han creado y fomentado a través de la imaginación y no basadas en la realidad. Se da un enamoramiento de la idea que se ha forjado de la persona, de lo que se desea. Hay más detalles que pueden demeritar el amor, pero sigamos.

 

El verdadero amor es espontáneo, en el que al momento no interviene la voluntad, simplemente se da. No es una cuestión de ir por la calle diciendo: “Hoy me voy a enamorar de la primera persona que vista de azul o tenga ojos azules o de tal o cual estatura”.

 

Sin saber cómo ni dónde, de pronto uno se siente enamorado. De repente se piensa en los aspectos positivos que agradaron de la otra persona y sus defectos pasan a segundo término, pero que en su momento deben ser platicados, para que más adelante no se coinviertan en obstáculos.

 

Hay que evitar el peligro de que a una persona le guste más el simple hecho de “estar enamorado” por la sensación de euforia y entusiasmo que produce quien está enfrente. Cuando ocurre eso, lo que puede convertirse en un amor verdadero se demerita en un acto egoísta, que termina con una relación y las que le sigan.

 

Sentir no es lo mismo que querer. Quien no brinca la brecha del amor meramente romántico se enamora sólo de cómo se siente él o ella misma, se queda en el mundo de la euforia, las mariposas revoloteando, vivir en las nubes y en éxtasis.

 

El que no supera el mundo del enamoramiento termina su relación cuando conoce a alguien nuevo, cuando empieza a encontrar defectos en quien eligió. Lo que antes le agradaba comienza a molestar. La persona enamoradiza difícilmente se compromete con quien atrae su atención, sólo vive deslumbrado y le encanta permanecer en ese estado.

 

El amor que sabe administrar el sentimiento es el más puro y el que más gozo traerá porque genuinamente se enfoca en el ser amado, mientras que el enamoramiento es de alguna forma egoísta porque se centra en uno mismo, en lo que uno siente sin tomar en cuenta a la otra persona.

 

Desde luego que en un principio es válido sentirse enamorado y experimentar todo lo que se regala. Es más, es deliciosa esa etapa, pero lo que hay que evitar es quedarse estancado en eso, vivir eternamente eufórico y evitar avanzar hacia el amor verdadero. Así que ama y sé feliz.

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