Y TODO POR GREÑUDO

 

 

Por Yoxi/

 

No hace falta ser un erudito para constatar que vivimos en un país de instituciones y de leyes, que velan desde siempre por la seguridad de sus ciudadanos en todos los niveles de la sociedad. Que nuestro dinero es ejercido con el máximo escrúpulo y que los servidores públicos son un ejemplo de abnegación y entrega, acorde a los más altos intereses e ideales de la patria, siguiendo con orgullo el ejemplo de nuestros antepasados indígenas, de las gestas heroicas que nos dieron patria, de los próceres y el siempre invaluable ejemplo de la clase política de humildad, rectitud y de probidad.

País de contrastes, donde el guardián del orden, buen creyente y celoso de su deber, se ve a veces obligado a detener a un joven fachoso y greñudo que con una barba de tres días -que le hace ver mayor y le señala como sospechoso de un ilícito- atrae su atención al circular imprudentemente en una calle desierta a baja velocidad en un Volkswagen 70, achaparrado y con un mofle “arreglado”, por un pueblo del Edomex. Osando perturbar la paz pública de su zona.

Sin más comenzó la persecución, como el sospechoso iba despacio, lo alcanzó en un santiamén, se le cerró al más puro estilo Miami Bay, descendió tambaleante de su patrulla “Datsún” blanquirroja dirigiéndose a él con un grito de justificada autoridad: “¡Sus papeles!”.

El muchacho, respetuoso de sus mayores, observando la barriga pulquera y el evidente origen tlaxcalteca del interfecto, sin más se los entregó. El policía lo miró amenazante y con desprecio de arriba abajo y los arrebató de su mano, dio media vuelta y le dio la más lógica de las instrucciones: “¡Sígame a la comandancia de policía!”, dejando un vaho de pulque en su camino que le enchinó hasta las patillas.

Sin remedio el joven se dirigió a la comandancia, no sin antes pasar por un amigo abogado conocido en el municipio para que hiciera las veces de su defensor ante el inesperado incidente.

Al llegar ahí se dirigieron a la barandilla y explicaron el motivo de su visita. El abogado, a su vez, se identificó y haciéndosele conocido al oficial de Barandilla por la credencial del PRI que le mostró, estrecharon manos. “Pero si somos compañeros de fórmula mi lic”, exclamó con una sonrisa forzada.

Acto seguido y no sin cierto desencanto les devolvieron los documentos y le dijeron personalmente al joven que, aunque había sido muy grosero y descortés con el oficial que justificadamente le detuvo, en una muestra de tolerancia, comprensión y apertura hacia la ciudadanía, no considerarían la ofensa y le dejarían ir sin pagar la multa.

Al salir, el joven comentó nuevamente al abogado que el policía olía a pulque al momento del incidente, sin darse cuenta que el genízaro se encontraba detrás oyendo, y descubierto se sintió difamado, le dio un merecido empellón al muchacho. “¡Óigame qué se cree!”, y ahí mismo lo retó a golpes.

El olor a pulque era evidente, otros policías intervinieron, los separaron y se llevaron a su compañero mientras éste vociferaba anatemas al joven, que insistió una vez más y ya un poco alterado que el policía olía a pulque, a lo cual el jefe de barandilla, serio, le abordó:

–Mire usted joven, el oficial Tlalpantecuctli tiene 30 años de servicio ejemplar, está enfermo y no puede tomarse una sola copa porque se muere, está de servicio y es por eso que no puede oler a pulque. Usted le levanta falsos y le ofende, su acusación es infundada ¿entiende? Así que mejor cállese y retírese, pues podría cambiar mi opinión y remitirlo a galeras.

–Disculpe usted oficial –contestó el joven– fue solo un error de apreciación.

Y se retiraron rápidamente ante la mirada seria y la ceja levantada del oficial, sin comprender plenamente la expresión.

Esto nos ilustra que se debe ser muy cuidadoso ante la autoridad legítimamente establecida, ya que está ahí para nuestro bien, y que levantar falsos a tan nobles servidores que cumplen estoicamente con su deber, puede tener graves consecuencias, ya que corremos el riesgo de lastimar sus sentimientos, y no necesariamente estarán obligados a tolerar semejantes desacatos.

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