¿RADICALISMO O FANATISMO?

 

 

Por Luis Chay Chuil/

 

La musa de la inspiración parece haberme abandonado este inicio de año y en medio de los propósitos y buenos deseos, se me ocurre pensar que trazarse metas a lograr, como año con año se hace, en ocasiones provoca una ambivalencia que puede rayar entre radicalismo y fanatismo. Así que mientras se me ocurre qué propósitos quiero, aquí les va.

 

Muchas veces se cae en los extremos de confundir la emoción y la pasión con el fanatismo y el radicalismo; sin embargo, se pueden vivir las cosas con emoción y pasión sin llegar a la radicalización.

 

El fanatismo genera reacciones que llevan a descalificar a otros, condenar a los que no son como uno, criticar y alejar a quienes no comparten las mismas ideas, hasta llegar a construir muros infranqueables.

 

Se pueden tener ideas claras de las cosas, saber lo que se cree, lo que se quiere, querer lo que se piensa, tener claro hacia dónde se va, de dónde se viene. Distinguir lo que se tiene que hacer para dar y tener vida, para amar bien, sin llegar al fanatismo que lleva a ser inflexible, categórico o extremista.

 

Hay que procurar no ser inflexible o exagerado en los juicios. Debe practicarse la tolerancia, ser receptivo, abierto. Aceptar al que no piensa como uno ni comparte los mismos puntos de vista. Ser capaz de convivir con el otro, con el extraño, con el que es diferente, pero sin dejar de lado las propias ideas.

 

Hay que tolerar, aceptar, amar, integrar, escuchar. Es un camino largo que lleva a construir puentes y no muros. Es la forma de huir de esos extremos que pueden volver a uno fanático.

 

Radical se refiere a las raíces. Supone aquello por lo que se apuesta para que forme parte de lo más profundo, lo más definitivo, lo más esencial. No es un entretenimiento o algo anecdótico, ni algo pasajero o caprichoso. Es tan fundamental que no se comprende la vida sin eso.

 

Luego entonces ser radical es tener hondas raíces. Lo más esencial del alma, lo más verdadero, lo que uno es, eso es lo que se ama. Es lo irrenunciable de la vida. En ese sentido se es radical.

 

Lo radical en cada uno es aquello que nutre y sustenta, se convierte en el motor y la fuente de energía. Ese espacio donde se crece fuerte, porque ahí se está seguro: la familia, la tierra, los amigos, Dios. Ahí está el reto y la oportunidad.

 

Debe buscarse que las raíces sean hondas. En el hogar, el entorno, la familia, en las personas concretas que se ama. Radical en el amor. En los vínculos.

 

Esa es la auténtica radicalidad, no algo que me aleje de otros que también creen, o de los que no creen. Seguir una línea de acción, caminar en una dirección sin cuestionar continuamente las decisiones tomadas.

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