SEÑOR, YO NO SOY LOCA

 

 

Por Raúl R. Dzul Paredes/

 

A las alianzas entre partidos, digamos de doctrinas o principios divergentes, se les ha (des)calificado de ser desde antinaturales hasta pragmáticas. Por supuesto que ha habido voces en su interior que han manifestado su desacuerdo. Sin embargo, poco o ningún efecto han significado en sus bases de apoyo.

Ello es interesante y se puede ensayar o aventurar algunas explicaciones. La que de entrada nos late, es la idea que las etiquetas de izquierdistas, progresistas, conservadores, etc., son útiles o suficientes para ubicar a organizaciones, pero, paradójicamente, quedan cortas para aplicarse a las personas individualmente.

Me explico. Muchas personas solemos ser progresistas en el terreno económico. Es decir, apoyamos la idea que el Estado puede y debe hacerse cargo de ciertos derechos de la ciudadanía en temas de salud, educación, cultura, vivienda, incluso de nuevos servicios como el internet, con la idea de que las desigualdades no se ensanchen tanto que provoquen tensiones sociales y la ruptura de lo que los sociólogos denominan el tejido social.

Sin embargo cuando se tratan de temas de índole social, como los matrimonios igualitarios y el reclamo de los mismos como “derechos”, su capacidad de adopción, su calificación de progresista pasa casi abruptamente a conservador o derechista. Las medias tintas no existen, se es una cosa o la otra.

Lo cierto es que a la mayoría le pasan de noche esas indefiniciones y por lo mismo no tiene problemas para apoyar al frente de sus preferencias, partiendo en primer término de lo que no quiere y enseguida de lo que considera urgente de resolver para hacer viable sus aspiraciones de mejorar sus condiciones de vida. La corrupción, la impunidad y su consecuencia, la injusticia, parecen tener monopolizadas sus preocupaciones.

Yo no sé si eso explica suficientemente que la ración de lodo que le tiran a AMLO no lo afecta en las encuestas. Calificarlo de ocurrente, loco, viejito, obsesionado, mesías, autoritario, no parece suficiente para equipararse a las balas de mafiosos, corruptos, ladrones, que el candidato de MORENA lanza a sus adversarios un día sí y otro también.

Conste que las pifias de AMLO, sobre todo su propuesta de amnistiar a las organizaciones criminales, tal como la lanzó, sin mayores precisiones, se antojaba para que sus adversarios le bajaran considerables puntos. Los resultados de la encuesta de PARAMETRÍA presentados ayer sorprendieron, porque no sólo no lo bajaron sino incluso ganó cuatro puntos.

¿La explicación? Ha de haber varias. Voy a decir una que reconozco no es de mi autoría pero tampoco puedo citar a la autora, sencillamente porque no se me ocurrió preguntarle su nombre: “Yo no sé si está loco López Obrador, pero lo que sí sé, porque lo vemos todos los días, es que en Umán los presidentes municipales y los políticos salen millonarios de sus puestos y por eso sólo ellos y sus familias quieren ser presidentes o diputados. Se los he gritado en su cara y me contestan que estoy loca. ¿Es lo mismo verdad?

“El PRI y Pepe Meade deben hacer algo o probar hacer algo diferente. Nada está definido mientras no te quedes como si lo estuviera y confiaras en la antigua, como eficiente, maquinaria, hasta ver cómo jala a mitad del tramo”.

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