MORIR EN VISPERAS DE NAVIDAD

Por Lizet Carrillo Lara/

La Navidad es la fiesta que se realiza con motivo de la llegada de Jesucristo a nuestro mundo. Su celebración nos recuerda que Dios no está lejos sino muy cerca de nosotros. En Navidad celebramos al niño Jesús, que es hijo de Dios. En él Dios nos mostró su rostro humano.

 

Cuenta la historia que una mujer joven que había vivido su vida con una buena alimentación, haciendo ejercicios y dedicando su vida a realizar obras de caridad por los pobres y por los animales desprotegidos, un día se enfermó muy gravemente.

Los doctores, después de realizarle varios estudios no sabían la causa de su enfermedad. Su familia era muy unida, se quería mucho. Todos se dedicaron a ayudarla, a llevarla a terapias a sus innumerables estudios para que mejorara, pero todos sus esfuerzos fueron en vano, ella seguía enferma y sufría muchos dolores.

Su familia cada vez se sentía más cansada y ella lo veía. Finalmente un día, en vísperas de Navidad, murió del corazón. La familia, después de su muerte sentía su ausencia en el rincón del sofá donde solía sentarse, en el pasillo que caminaba hacia su habitación, en los olores que perduraban en su cuarto, en sus cosas.

Dios, al mirar la bondad de esta familia y el amor que se tenían entre sí estos hermanos, se sintió tan conmovido que pensó: “esta buena mujer fue ejemplo de luz, alegría y perdón para todos los hombres y mujeres de buena voluntad”, por lo que dijo: “ella es un ser de luz y en su vida cumplió con su misión de amar, servir y dar gloria; ella fue mi mensajera y cuidó de los hombres y los animales mientras estuvo en la tierra”.

Por lo que habló con esta mujer y le dijo “de ahora en adelante protegerás, defenderás físicamente y ayudarás a tu familia y a sus amigos a combatir las fuerzas del mal. Lucharás con todo tu poder por ellos y con ellos. En momentos de dificultad les darás tu luz para tomar una decisión, para solucionar un problema, actuar acertadamente y descubrir la verdad.

“Me presentarás sus oraciones y los conducirás hacia mí. Los acompañarás a lo largo de su vida y los conducirás con toda bondad cuando mueran hacia a mí, para su encuentro definitivo conmigo. Este será el último servicio que les prestarás, pero el más importante, para que al morir no se sientan solos. Por lo que te yo te nombre ‘ángel de la Navidad’, por haber muerto en vísperas de Navidad”.

Y desde entonces todos aquellos hombres y mujeres que durante su vida tuvieron una vida de sencillez y amor, y murieron en vísperas de Navidad se convertirán en ángeles de la Navidad.

Los que se fueron ya forman parte para siempre de nuestra experiencia de amor, que trascenderá y no cesará nunca. La energía que produjeron, sus pensamientos, sus palabras, su olor, las partículas y ondas que dejaron en todo lo que tocaron se quedarán siempre con nosotros.

Así que aquí nos quedamos, viviendo esta nueva Navidad, los que estamos aquí y los que se fueron en vísperas de Navidad, todos por igual. A partir de ahora la Navidad nunca será la misma.

Este cuento está dedicado a mi amiga muy querida Giovanna y a su hermana Elimanon, que murió en vísperas de esta Navidad y para todas aquellas personas que perdieron a sus seres queridos en estas fechas navideñas.

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