LA HISTORIA DE UNA RANA.

Laura M.P.D.

¡Hola! Mi nombre es Constanza y soy una rana simple, con ojos grandes y que le encanta el lugar donde vive. Hoy les contaré una historia de esas que a todos nos gustan, una historia como muchas, de enamorados, pero jamás como lo que yo vi.

En los ríos existen muchas especies de animales y la vida a veces puede parecer aburrida, eso pensé un día… cuando de repente aparecieron ellos, un hombre y una mujer. No les puse mucha atención pues el lugar donde vivo es muy bello y ahí se refugian “n” cantidad de enamorados.

Pero llamaron mi atención cuando se osaron en llamar uno a otro, él le llamó: “princesa”. ¡Lo sé!, eso no es raro (hasta que supe por qué), pero ella le llamó “Rey de Chocolate” y yo comencé a reírme. ¡Jajaja!, eso es obvio, pues él era de tez morena, bronceado y con un cuerpo como de dios hecho de chocolate (y no exagero, su cuerpo parecía esculpido a mano).

Comieron sentados en una piedra y charlaron muchas horas y se miraban con la ternura que sólo había visto derramar por un niño, pero al mismo tiempo sus miradas irradiaban ese calor que de haber continuado mirándose así, ¡lo juro!, el río se habría secado por la intensidad de aquel ardor…

Fue esa elevación de temperatura y el peligro en el que fuimos expuestos que nos hizo a todos los seres ahí reunidos voltear la mirada hacia aquella apasionada pareja. Él la tomo de la cintura acorralándola a la corteza de un árbol, tuve que dar muchos saltos para estar hasta donde ellos estaban y ni yo tenía las ancas tan tambaleantes como princesa. Faltaba poco para que cayera cuando las manos de Rey la sostuvieron fuerte y la atrajeron a su torso. Era esa fricción peligrosa que tienden a hacer los enamorados, fue tan intensa esa ráfaga que me tuve que sumergir al agua.

Pero no pude ver cómo comenzó a besar el terso cuello de ella, solo sé que el nivel del río podía estar en peligro y comenzó el idilio (y sí, ya sé que siempre sucede así, pero esperen). De ella comenzó a emanar agua dulce, mucha agua dulce, desde sus entrañas ella pudo desahogar esa fuente de dulzura y sus gritos de placer ocasionados por el extasiado cuerpo viril de Rey, hicieron brotar rosas y toda clase de plantas hermosas.

¿Suena increíble? Pues así fue, y fue el más bello de los edenes, se entregaron una y otra vez a sus deleites. Nunca una pareja había trasformado su amor de esa manera, pues ese solitario escondite se trasformó en un bello castillo donde cada inicio de mes vuelven a brotar esas semillas de amor y entrega…

Y yo… yo soy sólo una simple rana llamada Constanza.

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