HOCTUN:”MI PUEBLITO NATAL CON CREPÚSCULOS ARREBOLADOS…”

HOCTÚN: “MI PUEBLITO NATAL CON CREPÚSCULOS ARREBOLADOS…”

 

Por Rita Elena Vázquez Peña

 

Quiero compartirles mis pensamientos sobre mi lugar de nacimiento: Hoctún, Yucatán, México.

Hoctún: “Mi pueblito natal con crepúsculos arrebolados…”

 

“¡Ahhh!, es tan lindo como Tangamandapío, mi pueblo natal, un hermoso pueblito con crepúsculos arrebolados; les contaré: Tangamandapío es…” y la frase quedaba truncada en los labios de “Jaimito el cartero”, simpático personaje de la añeja serie “El chavo del ocho”.

 

Este señor era un viejito bonachón quien a la menor oportunidad evocaba con nostalgia su lugar de origen, pero sus comentarios eran siempre interrumpidos por las travesuras de los chiquillos de aquel famoso programa de televisión.

 

Sin embargo, aunque esto le pasaba a don Jaimito y nunca lograba describir su pueblito, yo, quien era una niña de escasos diez años aproximadamente, sí lograba imaginarme cómo era aquel lugar, porque sin duda Tangamandapío era igual de bello, como lo era y es, mi entrañable Hoctún.

 

Los años han pasado y aunque no viví en aquella famosa vecindad ni soy de oficio cartera, debo confesar que a veces mis hijos, también con sus travesuras, no me dejan contarles a detalle cómo fue mi niñez en mi hermoso Hoctún. La vida brinda muchas oportunidades y aprovecharé ésta que me regala, para hablarles sobre mis recuerdos, sin temor a que alguna travesura me interrumpa.

Les platicaré sobre Hoctún, mi hermoso pueblito natal con crepúsculos arrebolados.

 

Como árbol que protege con su sombra fresca y limpia, así me recibió. Nací en su territorio y desde que lo conocí, nunca se aleja de mi mente. ¡Fui tan feliz al jugar y gozar de una infancia plena rodeada de aquella su naturaleza dulce, quieta y benefactora!

 

El olor a tierra mojada y hierba verde que tenía aquel sendero que conducía a la escuela primaria todavía está impregnado en mi memoria. Disfrutaba aspirar sus albas, oír el trino de sus pájaros, jugar con sus mañanas y atardeceres, pero también guardando respeto a sus noches -temerosa de aquella obscuridad que ante mi corta edad, significaba soledad y vacío-.

 

Diariamente su sol jugaba con mis pestañas invitándome a disfrutar el día y yo, ni tarda ni perezosa, de un tirón me levantaba para continuar siendo feliz con lo que me rodeaba: padres, hermanos, familia, amigos y todo él ¡¿Qué más podía pedir?!

 

Me regaló momentos tan hermosos, perennes, invaluables; le debo mi origen con mi familia, primeros amigos, maestros, muchas alegrías -y también sinsabores-, en fin, ¡tantas cosas!

 

Hoy pensé tanto en Hoctún, Yucatán -que en maya significa piedra arrancada-, aquel pueblo -ahora villa- en donde nací; del cual guardo tantos recuerdos y suspiro cada vez que lo evoco. Ahora mismo no pude sustraerme y escribo algo sobre él.

 

No voy a esta encantadora villa con la frecuencia que deseo, pero, cuando ocurre, mi corazón salta de alegría con sólo visualizar la torre de su iglesia, señal que estamos entrando a su territorio.

 

Hoctún, mi amado y añorado Hoctún, “mi pueblito natal con crepúsculos arrebolados” queda a sólo casi 48 kilómetros de Mérida, pero a cero distancia de mi corazón.

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