ESCUCHAR ES AMAR

ESCUCHAR ES AMAR

 

Por Luis Chay Chuil

 

En ocasiones tenemos dificultades para relacionarnos con los demás, no sólo por no saber comunicar o expresar abiertamente lo que sentimos y pensamos, sino por no comprender a quien tenemos en frente o no captar realmente lo que dice.

 

El filósofo Heráclito decía que los hombres son incapaces de escuchar y hablar. Muchas veces, cuando permanecemos ante el otro estamos pensando en otra cosa y vamos a su encuentro con preguntas previas, afirmaba otro filósofo, Heidegger, así que cuando oímos a quien nos interpela nos preguntamos qué tiene que ver eso con nosotros, con nuestros intereses.

 

Es por eso que, sin quererlo, ya no escuchando realmente al otro, sino que seguimos centrados en nosotros mismos, buscando lo que nos interesa. En ocasiones nos centramos tanto en nosotros que, cuando alguien quiere abrirse para contarnos algo, en pocos instantes ya pensamos en alguna situación nuestra similar y hasta le interrumpimos contándole lo que nos sucede.

 

La auto-referencia es algo muy extendido y es difícil encontrar a alguien que escuche despojado de todo interés o ansiedad por contar lo propio. La costumbre de estar atento al otro solamente se da en la medida en que lo que tenga para decir tiene que ver conmigo, es el gran obstáculo para la comprensión de los demás.

 

Sólo si amamos realmente al otro, le escucharemos atenta y desinteresadamente, tratando de comprenderle más allá de si tenemos algo para decir o no, si tiene que ver con nosotros o no. No son pocas las veces que las personas que no se sienten escuchadas tienen que advertirle al otro: “¡Esto no tiene que ver contigo!, sólo quiero compartirlo”.

 

Para comprender a los demás no alcanza con entender lo que dice, con captar sus ideas, sino también lo que siente, lo que trata de explicar con palabras y tal vez no lo diga de la mejor manera. Descubrir al otro en todo lo que comunica, no solamente lo que dice en palabras, es escucharle completamente.

 

Cuando escuchamos a otro, puede ayudarnos a prestar atención a la pasión que pone en algunas cosas que dice, en lo que repite, en lo que más lo moviliza.

 

Normalmente hay una gran distancia entre lo que entendemos, lo que el otro dijo y lo que realmente quiso expresar desde su interior.  Estar consciente de esto ayuda a evitar muchos malentendidos.

 

A veces estamos más atentos a lo que significan ciertas palabras para nosotros y a lo que nosotros ya pensamos que el otro dice, que a lo que realmente quiere tratar de comunicar. Si cuando el otro dice algo ya estoy pensando que tengo la interpretación de lo que está queriendo decir, muchas veces hasta pensando mal, no sabremos nunca qué fue realmente lo que quería decir.

 

A veces es de mucha ayuda, al finalizar, preguntar si hemos entendido bien: “¿Lo que me dijiste es qué…?  Reformular lo que el otro dijo con nuestras palabras puede ser útil para saber si de verdad le hemos comprendido.

 

Ponerse en el lugar del otro es lo más importante para intentar comprenderlo, vaciarnos de nosotros para recibir lo que el otro tiene para decir. En la medida que se aprende a escuchar, no sólo “estar” frente al otro y recibir lo que tiene para decirnos, seremos en nuestra interioridad una morada para el otro.

 

Las personas se expresan de manera muy diversa y eso exige recibirlo tal como se manifiesta. Hay quienes se expresan exageradamente, porque necesitan despertar interés en quien los escucha, no porque nos quieran mentir, sino que buscan que sintamos lo mismo que ellos, con la misma intensidad con la que viven lo que nos están contando.

 

El silencio es lenguaje de amor, de profundidad, de estar realmente presentes ante el otro. El silencio muchas veces es más elocuente y comunicativo que cualquier palabra. Es una forma de estar presentes ante los demás y recibirlos con apertura y sensibilidad.

 

Ayuda mucho estar tranquilo, de lo contrario el otro percibirá nuestra ansiedad. Es cada vez más importante poner atención total al otro, dejando lejos el teléfono y no estar haciendo otra cosa mientras nos hablan, mirando siempre a los ojos y no interrumpir al otro innecesariamente. A fin de cuentas escuchar es una forma de amar.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s