MADRE DESDE CUALQUIER CIRCUNSTANCIA

Por Luis Chay Chuil.


Las siguientes líneas surgen desde la soledad y silencio impredecible del mar, de la rudeza y lo implacable del sol que acompañan el trabajo del campo que curte la piel de los hombres y mujeres que viven de lo que la naturaleza les regala a diario.
Esta reflexión es fruto de unos días que he dedicado para agradecer la generosidad de la brisa marina y del campo, que guardan el secreto de los primeros años de mi vida y me han hecho encontrar a muchos con los que compartí momentos inolvidables e irreemplazables, que me ayudaron en gran parte a ser lo que ahora soy.
Me ha dado gusto, porque a pesar de lo que me parecía ya perdido, al menos me hizo renovar la esperanza de que hasta en el desierto hay una rosa que crece a pesar de la aridez que invade y ahoga muchas comunidades. Sin más preámbulo, inicio la historia, aunque breve e insignificante o quizá pasada de moda, pero para mí muy enriquecedora, de modo que empiezo, no sin antes enviarles un saludo desde mis orígenes: Kinchil y Celestún.
Ha llegado a mis manos el libro “La Madre” (1907), del novelista y dramaturgo ruso Alexéi Maximóvich Peshkov, mejor conocido como Máximo Gorki. Como hacía mucho que lo había leído tuve que hacer un recorrido rápido, porque la intención de quien me lo hizo llegar es saber si es un buen regalo para su madre.
A pesar de que por los elogios de Lenin la obra adquirió injustificada fama durante el período soviético como ejemplo del triunfo inevitable de las ideas comunistas, en realidad lo que Gorki buscaba era describir la vida provinciana de ese tiempo.
La obra describe a un joven hijo de una pareja proletaria que se sitúa en los últimos años del zarismo e inicios de la revolución bolchevique. El padre es un proletario que cuando se emborrachaba golpeaba a su esposa. El hijo, al crecer, decidió no ser como su padre ni como la mayoría de los hombres que gastan su salario en alcohol, por eso se integra al movimiento comunista, donde comienza a trabajar, a desarrollarse personalmente.
La madre veía eso con miedo pero con respeto, porque su hijo era feliz y hacía cosas por los demás. Ella no sabía ni leer… la familia era verdaderamente pobre… Poco a poco la madre comenzó a involucrarse y a sentir ese ánimo y placer que da hacer algo por una causa que, si bien no entendía, creía que era buena.
El libro termina de forma inesperada, pero no la describo para que la reciba como regalo o a quienes les quede la inquietud de desempolvarla de alguna biblioteca después de estos comentarios, saquen sus propias conclusiones.
El refrescar en mi mente esta historia sólo me ha hecho pensar en aquellas mujeres que sin ser reconocidas, sin buscar espacios en las noticias y sin ningún título oficial ejercen todas las profesiones con su familia: como esposas, hacen de las cosas sencillas algo extraordinario; como madres, olvidan debilidades; como abuelas, se vuelven guardería personalizada y por todo eso no piden nada a cambio más que amor.
En el rostro de esas mujeres se descubre que una madre es capaz de amar con la intensidad de los santos en trance, con la pasión de grandes compositores, con el corazón de una niña, con el arrebato de una quinceañera, con la furia del mar.
Una madre es portadora de amor, vida, unión, paz y alegría, que puede humanizar muchos ambientes. Su poder y liderazgo puede ejercerlo con sutileza para hacer sentir su corazón femenino en la sociedad como complemento.
En una sociedad empañada de muchas prácticas machistas, falta mucho para que a muchas madres se les valore. Rendir tributo a las madres no debe ser sólo en su cumpleaños o el Día de la Madre o quedar sólo en el discurso y celebración fugaz, porque si no se renuevan las actitudes y acciones para reconocer y valorar la dignidad de la mujer, inútil será cualquier festejo y cuanto arrepentimiento venga después de ofenderla o cuando ya no esté en este mundo.
Aunque en ninguna universidad se otorga el título de ser madre, las madres tienen un programa continuo de investigación en el laboratorio del hogar y en el campo de las diligencias diarias; ejercen su maestría con toda su familia y sus créditos son los hijos. Su trabajo es lo que mayor demanda tiene en el campo de las humanidades; usualmente está despierta 14 horas diarias o las 24 si es necesario. Tienen más retos que en cualquier empleo sencillo y la remuneración, más que económica, está ligada a la satisfacción personal.

Gracias por dar ocasión para reflexionar en torno a todas esas madres, jóvenes, abuelas, esposas, suegras, consagradas; a las mujeres dedicadas a servir a gente carente de amor, a las que llevan a cuestas una responsabilidad social. Todas asumen y comparten la responsabilidad de construir una mejor sociedad.

Autor: adrixnac

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