HISTORIA DE LA PARTERÍA EN YUCATÁN

Investigación por Virginia Beatriz Castillo Rodríguez


El estudio de los partos se inscribe en el campo del análisis etnográfico, donde ha prevalecido una visión dicotomizada que ha impedido considerar a los mismos como procesos dinámicos, transformadores no sólo de los partos, sino también de las parturientas en la sociedad yucateca.
La vocación de la llamada partera maya, desde la época prehispánica, ha sido respetada en la región. En Mesoamérica, el deceso de una mujer en el alumbramiento tenía las mismas características que el de un soldado en batalla.
La partera también ha sido “médica”, por lo tanto existe continuidad en los términos de partera-curandera, partera curandera-hierbera, partera-hierbera-huesera, partera-hierbera-sobadora, partera-pastillera, partera-boticaria, partera-adiestrada. Incluso se ha dicho que el calendario maya de 260 días fue diseñado sobre el modelo de ciclo de 260 días de la gestación humana.
Se hace referencia sobre las parteras en las escrituras mayas, por ejemplo, el Popol Vuh de los mayas quiché narra el caso de una diosa, partera a la vez, que fue la que molió el maíz hasta el noveno grado de fineza para elaborar a los primeros seres humanos (Tedlock, 1993).
En Yucatán se tiene a Ixchel, la diosa maya de los partos, la procreación y la medicina, que fue conocida con muchos nombres, uno de los cuales fue “Sinahaí”, señora de los partos (Thompson, 1970:241-249).
Para sus partos acudían a las hechiceras, las cuales les hacían creer sus mentiras y les ponían debajo de una cama un ídolo de un demonio llamado Ixchel, que decían era la diosa de hacer las criaturas (de Landa, 1985,100).
Partera tradicional: Mujeres que han adquirido sus conocimientos por medio de la transmisión oral, de la memoria colectiva de elementos arraigados en una cultura ancestral, y que no han sido capacitadas por el sistema de salud estatal. El oficio de partera es una ocupación muy antigua de la cual se tienen datos en todas las civilizaciones; en sus orígenes se remonta a los primeros estadios del hombre prehistórico, pero no es sino hasta el siglo XV cuando se intenta regular el trabajo de las parteras imponiendo un examen a la interesada.
Esta profesión de partería es la más antigua de la historia, las parteras nacieron con la humanidad y han estado presente en la vida de la mujer. A veces se les reconoce como: abuela, abuelita, comadrona, matrona, madrina, sacadora, mujer sabia, en realidad la podemos nombrar de diferentes formas, pero siempre es la mujer y madre que con sabiduría, entrega y amor ayuda a otra mujer a dar a luz.
A pocos días de parir a su primer hijo, Rafaela Can Aké de 13 años de edad, le preguntó a su marido de 21 años de edad:
–¿Cómo saldrá el bebé de mi barriga?
–En su momento te darás cuenta –le respondió de manera amorosa. La respuesta no aclaró en nada la duda de una niña que en breve sería madre y posteriormente, con un don heredado, una de las parteras más reconocida del Estado y país, además de ser acompañante de médicos en los partos.
A sus 63 años de edad Rafaela relata su trayectoria dentro de la medicina tradicional, sector en donde sus servicios son demandados por mujeres de todos los niveles económicos de Yucatán, pues está incluida en el registro de las 179 parteras que hay distribuidas en los 106 ayuntamientos del Estado.
La labor que para Rafaela es bendita, porque “ayuda a dar vida”, se enfrenta a la lucha por mantenerse vigente ante la “modernidad tecnológica” y de los avances médicos de las clínicas públicas y privadas, pero sobre todo para seguir siendo auxiliar de las embarazadas durante y posterior al parto. Como parte de su vocación, Rafaela revela que las comadronas dedican su tiempo a ayudar, orientar y apoyar a las embarazadas que las solicitan y necesitan al momento del nacimiento de sus hijos, en la ciudad y el campo, a un costo de mil a siete mil pesos, depende de las posibilidades económicas de las familias.
También sirven de acompañantes del médico en el parto, cuando se trata de hospitales privados donde las mujeres que alumbrarán solicitan su presencia.
Rafaela ha dedicado más de la mitad de su vida a asistir a mujeres embarazadas (recibiendo en sus manos a más de 500 niños y niñas) que optan por las parteras y no por la modernidad de los hospitales. En su historia, esta mujer de la comunidad Chumbec, del municipio de Sudzal, ubicado en el centro del Estado, considera su oficio como un “don divino”, heredado de sus abuelas.
La revelación de su encomienda, recuerda, fue por medio de sueños frecuentes, que empezaron cuando cumplió 15 años, donde se le enseñaba cada paso a seguir para recibir a un bebé en agua, hamaca, cama y piso, así como otras circunstancias.
“Ese sueño de estar en un parto me enfermó, el dolor de cabeza no se me quitaba, al grado que caí en depresión, por ello fui al médico a Izamal, donde me diagnosticaron como un mal nervioso”.
Esa misma tarde, describe, “se presentó ante mí una mujer de edad avanzada que me preguntó qué problema me agobiaba, porque mi aspecto estaba mal. Entonces, para desahogarme le conté del sueño que tenía cada noche. Y fue que ella me dijo: ‘No te preocupes, es un llamado para partera’. Desde ese día los sueños se fueron”.
A la edad de 25 años, ya con cuatro hijos, sin saber leer ni escribir, Rafaela fue propuesta por su comunidad para ser la mujer que el Instituto Mexicano del Seguro Social capacitaría por seis meses como partera en Mérida. Designación que le sorprendió, pues nunca pensó en dedicarse a ello, además en su vida había viajado a la capital del Estado.
“Durante la capacitación mi sorpresa fue mayor, pues me di cuenta que ya sabía muchas de las cosas que me enseñaban, porque los recordaba de los sueños, lo cual resultó ventajoso porque fui una de las más reconocidas en el desempeño”.
El apoyo de su esposo fue incondicional, pues fue quien la animó para aceptar y aprender este oficio, que ahora heredará a su nieta.
Con la llegada de la modernidad, señala, con nuevas clínicas y con la evolución de la medicina, esta actividad se relegó, pero en los últimos 10 años empezó a resurgir, y ser demandada por familias de profesionistas y de nivel económico medio alto, quienes prefieren a las parteras para el nacimiento de sus bebés.
Las embarazadas consideran a las parteras sus aliadas, y en ocasiones como familia, por ser conocidas en su sociedad. Rafaela actualmente está certificada por la Secretaría de Salud del Estado y por el Instituto Mexicano del Seguro Social como partera y auxiliar médico, además en el 2014 la fundación Semillas la becó para ser Líder Partera y capacitar a otras mujeres de Yucatán y de otras partes del país en esta práctica ancestral.
Este trabajo no es sólo recibir al bebé, es también darle seguimiento al embarazo desde los primeros meses, proporcionando asesoría alimentaria, basada en la tradición maya, en el chequeo mensual y la atención postparto. A diferencia de los nacimientos realizados en las clínicas y hospitales, donde se le induce y acelera la dilatación del útero de la mujer para agilizar el proceso, las parteras dejan que se desarrolle de manera natural, detalló.
Para ayudar a la mujer se elabora un té a base de la corteza de un árbol conocido en la entidad como “uaxim”, que sirve como relajante y propicia que la dilatación sea en el tiempo correcto y exacto. Actualmente algunos doctores de clínicas privadas y en partos naturales se apoyan en ellas para brindarle a la mujer confianza y tranquilidad.
En ese sentido, precisó que en sus casi 40 años de partera ya vio nacer y crecer a tres generaciones distintas, pues tuvo la dicha de recibir al nieto, al padre y al abuelo.
Cuando se detecta que una mujer no podrá dar a luz de manera natural, la turna con un médico, por ser quienes están capacitados para realizar cesáreas y salvarle la vida, tanto del bebé como de la madre, destacó.
Para el trabajo se cuentan con equipo básico compuesto por: guantes, tijeras, colchoneta, material estéril para evitar la contaminación, cepillo quirúrgico para lavarse las manos, el pinar para escuchar el latido del bebé, báscula para pesar, entre otros, así como hojas de registro del recién nacido, la cual le es proporcionada por la Unidad Médica de la comunidad.
El nacimiento se registra en un formato oficial que las parteras entregan a la Secretaría de Salud del Estado, y posteriormente a los padres del recién nacido para su inscripción en el Registro Civil.
Actualmente el Congreso local, en coordinación con las dependencias estatales y federales, buscará reconocerlas como personas capacitadas y certificadas en su labor, para apoyar al sector salud. Se prevé que ellas asistan esos partos con higiene y equipo básico, además se pretende la procuración y conservación de la cultura maya, en una actividad ancestral.
Referencias para mi investigación:
“El uaxim”, (Leucaena leucocephala) crece como arbusto de 3 a 6 metros hasta 12 metros de altura, algunos de estos árboles viven hasta 50 años y crecen silvestres en zonas cálidas. Sus vainas son verdes cuando son tiernas y cafés cuando están maduras; contienen de 15 a 30 semillas. Es un árbol cuyo follaje se utiliza para la alimentación del ganado, sobre todo de las cabras.
Las vainas que producen sirven igualmente como forraje, pero también son de consumo humano. Tiene un alto contenido de nutrientes, especialmente proteínas. Se pueden cortar para dárselas a los animales o se pueden pastorear, es decir, que el ganado la consuma en el campo mismo. En la península de Yucatán se usa como forraje y medicina.
En el siglo xv, el botánico Francisco Hernández relataba: calman el dolor de estómago que proviene de causa fría, son extremadamente calientes, ayudan a la digestión y abren las obstrucciones. Las semillas huelen a ajo y como tienen las mismas propiedades, mezcladas a los alimentos favorecen la digestión.
Sin embargo, tiene algunas sustancias anti-nutritivas (mimosina), que pueden ser toxicas al ingerir cantidades grandes. Puede producir daños en los mamíferos no rumiantes y aves de corral (bocio, debilidad, pérdida de peso, aborto, caída de pelo en caballos, mulas y burros).

Los Veracruzanos hacen potaje con las semillas de Uaxim que ellos conocen como “guaje” y lo preparan, así como nosotros lo hacemos de lentejas.
                                              UAXIM

Autor: adrixnac

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