NO TE OLVIDES DE MÍ

Poema por Nery Tamay Borges


A través del vientre de mi madre escuche un murmullo
que se confundía con sus cánticos, pláticas o rezos;
el terso rozar de sus manos, cálida voz, esperanza de sus besos
distrajo mi sentir y el inicial susurro me llevo al arrullo
compartimos la fecundación y madurez en comunión materna
te mantuviste a pasar de mi incomprensión a tu presencia;
¡es increíble como no hay ningún testimonio hecho por la ciencia!
de que vengas al mundo con el humano desde la formación interna
más clara, comprensible y tajante fue la ronca voz
en doloroso momento del jubiloso alumbramiento;
quedo sentado que estaríamos unidos y libres como el viento,
pero al final nos veríamos, sin mediación de un portavoz
después del fugas instante del transmute de habitáculos
el mundanal sonido opaco tu susurro, murmullo, voz o alaridos;
algo en mi interior me decía que no solo el cordón umbilical nos tenía unidos,
y que si quería romper aquellos nexos, todos los intentos serian nulos
no quiero mentir ni engañarme, nunca te vi ni te conozco
me olvide de tu presencia, compañía, voz y consuelo;
fui como esas aves que abren las alas y se elevan al emprender el vuelo
y al momento de alimentarme en la obscuridad al débil embosco.
Pero la senda de la vida es muy sabia y nada queda en el olvido
cada yerro cometido está inscrito en los libros eternos del destino;
cierto día sin saberlo te conocí sin verte en la inmensidad tan corta del camino,
cayo la monumental ave, perdió un ala, una pata, la visión y el control del nido
quede con el plumaje maltrecho, ajado, sucio, viejo y derrotado
la enseñanza estaba dada y el alumno en cama la había comprendido;
una a una las plumas cayeron  dejando piel humana como debió  haber sido,
de nuevo la brisa acaricio mi frente, con tu murmullo la lección se había dado
todo fue un nuevo inicio, pero con los años cargados a cuestas
sin una madre, pero con una esposa y dos hijos de grande ejemplo;
que demolieron el triste nido y fabricaron con esfuerzos para el amor un templo
donde la comprensión, amistad, unidad, perdón para el semejante estarían dispuestas
desde ese momento estuve mucho más consiente de tu presencia en mi
ya más desarrollada que en el útero materno, que solo eras mi compañera;
aquella micrométrica voz o murmullo inentendible, inaudible en algo que no prospera
aprendí a creer en tu existencia para cada ser humano aunque recalco que nunca te vi
por mucho que lo intente no logre saber dónde podríamos tenerte
aunque muchos rogamos siempre que surjas en momentos de supremo dolor;
se ha comprobado que eres emisaria dulce, eterna, pura, enfermera del amor,
solo te pido que no me dejes sufrir de más y no te olvides de mí, Señora Muerte.

Autor: adrixnac

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