EN ESTOS TIEMPOS CUANDO LAS PALABRAS PUEDEN SER UN BÁLSAMO OFRECEMOS ESTE ESCRITO A MANERA DE EDITORIAL

RELATOS SENCILLOS
Por José Salatiel Tec.


Sentado bajo el flamboyán encendido, el joven profeta parece compungido.
Su boca nada dice. Pero en sus ojos emergen las palabras cuál hojas taciturnas. Mira hacia el horizonte como si percibiera un gran dolor que viniera con las nubes…
Repentinamente el día se volvió oscuro. Pesadas nubes negras se amontonaron en los cielos de Nohchén. Los árboles comenzaron a bambolearse frenéticamente mientras el aire silbaba entre los gajos como una máquina invisible.
Los peones se refugiaron en sus casas atemorizados mientras el tiempo descompuesto galopaba sobre todo cual equino furioso… Y entonces la lluvia llegó tormentosa y diferente, destructora y fría como pocas veces.
En un frío remolino volaron las ramas desprendidas, pedazos de madera, utensilios de labranza, techos pálidos de paja y algunas ropas grises, mientras el viento, poderoso como un mazo gigantesco, golpeaba y destruía las paredes y los techos de las casas.
Cuándo cesaron los vientos y la lluvia, los maizales, los henequenales, los caminos, las hortalizas y algunas casas de los peones quedaron sepultados bajo el agua. Parecía como si un inmenso ser hecho de hielo se hubiera derretido sobre todo.
El techo de la casa de Honorato Cocom se cayó por completo. Un puntal de madera golpeó las cabezas de sus dos pequeños hijos, quienes murieron al instante. En medio del dolor duplicado de sus almas sus padres se preguntan por qué en lugar de sus hijos, no fueron ellos los difuntos.
El joven profeta se acerca y les dice suavemente:
“Comprendo el dolor que les desgarra el alma y sé que para todo hay una explicación, pero a veces las respuestas sobrepasan nuestra facultad para entenderlas. Algunas se entienden con la mente y otras se comprenden con el corazón. Las del corazón, como ahora, ¡son las más difíciles de comprender!
“Tal vez un poco de consuelo para ustedes sea el saber que la pureza de las almas de estos niños no se mancharán jamás con acciones equivocadas y sombrías. Tal vez por eso han sido llevados de este mundo: para que en ellos permanezca para siempre la luz de la pureza”.
No dijo más. De sus ojos resbalaron dos lágrimas translúcidas como las almas de los dos pequeños hijos de Honorato Cocom…

Autor: adrixnac

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