CRÓNICA DEL DOLOR

Por Raúl Catzim Sánchez.
Con las Fiestas Patrias damos por iniciado el calendario de festividades para terminar el año, pues sigue el Día de Muertos y el aniversario de la Revolución, y ya en estas fechas las tiendas con sus aparadores adornados nos anuncian que pronto viene la Navidad y poco después el Año Nuevo, por lo que las ilusiones y sueños ya se tejen en nuestra mente. Quizá ese viaje tan deseado, o esa pantalla para ver nuestro programa favorito; celebrar un aniversario o un cumpleaños, o esperamos con ansias el nacimiento de un hijo o un nieto. Pero… la vida no está comprada.
 
Como todos los años, el pasado martes 19 recordamos a quienes ya no están con nosotros y fallecieron en el temblor del 85. La bandera se iza a media asta. Siempre nos invade la tristeza al recordar que México fue dañado severamente. Nunca sabremos realmente cuánta gente falleció. Aún duele, aún estremece, aún lloramos. Pareciera que fue ayer y no hace treinta y dos años… La vida continúa.
Este martes todo indicaba que sería un día normal. Después del simulacro retornamos a nuestras actividades, ya sea trabajo, escuela o el hogar. Pensamos que nuevamente hasta el próximo año recordaríamos la fatídica fecha… Todos estábamos sumidos en nuestra rutina, eran las trece horas con catorce minutos cuando una fuerte sacudida anunció que nuevamente un terremoto nos azotaba.
La casa brincó, el piso se movió, los edificios se mecieron peligrosamente. Ruidos de resquebrajamiento mortal se escucharon en el ambiente. Todo se salió de su lugar. Las oraciones y plegarias se elevaron al cielo en canto desesperado implorando piedad.
El miedo, mejor dicho pánico, se apoderó de nosotros. Muchos pensamos que moriríamos en ese instante. Salimos a la calle queriendo huir sin rumbo, el peligro estaba en todos lados. Fueron segundos de terror, en nuestra mente estaban los nombres de nuestros seres queridos y amados, sentimos que no los veríamos más…
La calma regresó, el temblor terminó. Yo me quedé con la sensación de que seguía temblando. Se suspendió la luz, internet y telefonía. Quedamos incomunicados, pero nos llegaron rumores de desplomes, destrucción y muertos. La herida nuevamente fue abierta, no nos hemos repuesto del dolor del histórico 85 y ya recibimos una nueva puñalada… la misma fecha…
Poco a poco supimos la magnitud de la desgracia. Otra vez muchas personas sumidas en la desesperación. No se sabe nada de los nuestros, no sabemos dónde están, no sabemos si viven o… pasarán a engrosar las listas de víctimas del nuevo terremoto.

El llanto aflora, la desesperación, los nervios. Salimos a las calles. El transporte colapsado, ríos de gente por todas partes. Rostros desencajados, miradas perdidas, ojos humedecidos, todos esperando lo peor. El dolor aumenta, siempre hay quien tenía familiares trabajando en esos edificios caídos. Las fuerzas desfallecen y conforme pasan las horas crece la desolación y la realidad… México huele a muerte…

Autor: adrixnac

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