FABULA: EL CUERVO CANTOR

EL CUERVO CANTOR
Fábula de Sonia Mayllend
 
Éste es Renato, un cuervo enamorado de una robusta cuerva de plumas negras, brillantes, largas, hermosas.
Cuán bella es mi novia Gertrudis le decía a su buen amigo Canuto, un zanate del bosque vecinoLe prometí que mañana traería serenata para ella y estoy muy emocionado.
Al decirlo, suspiraba profundamente “¡aaah!”.
Nos vemos otro díase despidieron y se separaron. Cada uno se fue volando hacia su bosque.
Renato llegó a su casa y sacó un cancionero que en un basurero encontró y leyó una canción que decía “…a las muchachas bonitas se las cantamos así, despierta mi bien despierta, mira que ya amaneció, ya los pajarillos cantan…”,esa es la parte que más le gustaba y se la cantaría a como diera lugar. Se paró frente al espejo, bien plantado, con mucho garbo, aleteó vigoroso, sacudió su cabeza, se dedicó un coqueto guiño de ojo, aclaró la garganta y “criiich”, “crosh”, “grshhh”. Abrió los ojos tan grandes y se dijo “¡qué horrible canto!, ¿ahora qué voy a hacer?”. Decepcionado se metió a la cama, muy triste. Se quedó dormido.
Al siguiente día despertó con una genial idea. Se dirigió al otro bosque para buscar a su amigo el zanate y le dijo:
Hoy le tengo que llevar la serenata a mi Gertrudis y necesito que tú me acompañes.
El zanate Canuto, que no había abierto el pico para nada, le preguntó:
–¿Y yo qué pitos toco en la serenata esa?
Renato pronto le explicó:
Te escondes tras las ramas, entonas las mañanitas y fingiré que estoy cantando y así no quedo mal con mi novia.
El amigo, por ser muy su amigo, aceptó.
Llegó la noche, y el zanate, agazapado en otro árbol, comenzó su canto: “estas son las mañanitas…” y en ese preciso momento en el cuarto de Gertrudis se encendió la luz, se abrió la ventana y ¡ZAZ!, un líquido amarillento y pestilente bañó todito a Renato.
Don Casimiro, papá de la novia, asomó la cabeza diciéndole:
–¡Eres un embustero!, nosotros los cuervos no cantamos, graznamos.
Moraleja: El que hace promesas sin tener la seguridad de cumplir, no debe valerse de un engaño para obtener simpatías.

“No puedes ganar indulgencias con escapulario ajeno”.

Autor: adrixnac

¡Amante de la tecnología!

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