CUENTO: PENA CAPITAL

 PENA CAPITAL
Cuento de María Elena Hernández Maya
Ahí se encuentran, hacinados, incómodos, preguntándose el porqué de su situación. Un moribundo haz de luz penetra por la diminuta ventana, dibujando en el lépero suelo las líneas que la cruzan. Un olor a miseria gobierna en la celda.
Cansados de cruzar miradas interrogantes entre ellos, uno a uno van concentrando sus pupilas sobre el que consideran el más fuerte; él es sepultado por este alud. Los pasos amplificados por las sordas paredes se acercan hasta escucharlos tras el portón, que, como boca al abrirse, deja salir su pestilente aliento. Los ochos cabecillas, representantes cada uno de su gremio, son solicitados en la reja de declaraciones del juzgado.
–¡Todos de pie! Su Señoría el Juez ha entrado a la sala –dijo el secretario.
–Señor Fiscal, ¿cuáles son los cargos que se le imputan a los presuntos culpables aquí presentes?
–Su Señoría, se les acusa de acoso físico y electrónico en los cuadernos y en los programas computacionales para procesadores de texto; de irrumpir en ellos sin ningún criterio. Provocan incoherencia, falsas expectativas y caos en los comunicados. Acrecentados ante los escasos conocimientos gramaticales, se adueñan de escritos a su libre albedrío. Por el simple placer de divertirse de los resultados evidentes.
El Fiscal, tras una pausa y con el ceño fruncido, espetó:
–Y por ende, en detrimento de mi clienta. Los abusos cometidos por estos saltimbanquis gráficos han causado baja autoestima, mermado la posibilidad de su desarrollo personal y un persistente bloqueo mental; sin posibilidad para vencer a la temida “Hoja en blanco”. ¡Un estado de ineficacia permanente!
–Solicito a usted, señor juez –enfatizó el Fiscal– que estos ocho signos de puntuación: el punto, punto y aparte, punto final, dos puntos, coma, punto y coma, interrogación y admiración sean sentenciados a cadena perpetua. Que con este juicio sin precedente, finque la iniciativa y así desarrollar, aprobar e implementar una nueva norma en que se anulen su uso, difusión y propaganda.

Ella, satisfecha. Sabe que de ahora en adelante, y que gracias a su decisión ya no habrá dudas ni resquemores, se esclarecerá el porqué de la conducta arbitraria y perturbadora de esos ocho, de esos sus acosadores, quienes por fin están tras las rejas a resguardo y con la posibilidad de decretar una nueva norma. Asumió el compromiso del riesgo al denunciarlos. Fastidiada de taches y superficial letanía retórica de tutores y docentes. O, ¿conocerá de una vez la correcta manera de llevarlos y usarlos con orgullo y dignidad? 

Autor: adrixnac

¡Amante de la tecnología!

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