FOTOGRAFIA SIN SONRISAS


Fotografía sin sonrisas
Autor
Zina  Grinberg
¡En  esta familia no hay sonrisas! 
Gritó enérgicamente don Lázaro al fotógrafo que se esmeraba en preparar el equipo.
Para el profesional,  el día había sido largo ya que se aproximaba el festejo del día de la madre, en donde todas las familias del pueblo querían regalar a sus progenitores o abuelas la fotografía que quedaría como constancia de su existencia para la posteridad.
Paco era el único fotógrafo del distrito de Miahuatlan y sabía de sobra que solo en esa ocasión tendría harta chamba, debía de aprovechar. 
La fotografía era tan tradicional y necesaria que además de ser una prueba fehaciente  del progreso que año tras año lograba la clase trabajadora de la región,  también contaba las historias de  cada familia.
Don Lázaro nunca asistió a las clases de la maestra Lorena (la única maestra del lugar) ya que su padre había quedado viudo apenas él nació.
Desde muy pequeño lo obligó a trabajar arduamente en la sierra y también se  encargaba de la alimentación de los pocos animales que les proveían de leche y blanquillos.
Así,  entre la soledad y el azul del cielo, Lázaro a pesar de tener callos en sus manos y los talones ajados, se acompañaba por el silencio que ocasionalmente interrumpían los bichos que le pasaban zumbando por los oídos.  
Laboraba largas jornadas sin descanso excepto  para almorzar.
El, siendo un adolescente conoció a Berta quien  se apareció así nada más, de repente en el horizonte.
Un día caminaba por la milpa con su vestido de tela delgada y sus huaraches nuevos cuando se encontró una lata de aluminio que  comenzó  a patear jugando así para pasar el rato,  con tal suerte que los reflejos que causaba el metal cuando le pegaba  el sol , iluminaba a los árboles. Esto provocó que Lázaro viera el brillo como una señal del mismito cielo de que  Berta seria su salvación y se casó con ella.
Con tantos años y tantos hijos que Dios les mandó el encantamiento previo desapareció de a poco.
Don Lázaro se convirtió en alguien severo y malhumorado, los escuincles lo exasperaban, y la norma en su casa eran voces bajitas casi cuchicheadas, salidas de puntitas para no hacer enojar a papá y juegos solo entre los hermanos porque los demás eran “aves de mal agüero”  eso lo repetía incesantemente el señor de la casa.
Berta jamás se quejó pero tampoco nada hizo por remediar la tristeza que se apoderaba de toda su familia, se refugió  en su costura y a cocinar para aguantar a su viejo, así que esa foto sería la ocasión tan especial para que todos lucieran  la ropa que ella con tanto gusto hizo, vestidos y enaguas para las niñas y para los muchachos pantalón y camisa de vestir.
Paco el fotógrafo advertido ya por el que pagaría, acomodó a todos para que cupieran en la mentada foto , en esta ocasión se ahorró el famoso chascarrillo para que sonrieran los clientes, esperó a captar las caras serias y tristes y disparo el click que estamparía la imagen que duraría al menos otras tres generaciones, al menos eso pensaba.
Regalarían la foto a la suegra y a la madre, y también ellos se quedarían con una, como hacían año tras año,  Berta por cierto lo tenía.
Don Lázaro estaba ansioso porque todo terminara y quitarse esa ropa de catrín, los chicos ni se cuestionaban, esa era una rutina más de esa familia.
Hoy me tocó ver ese retrato y siento un escalofrío recorriendo mi piel, de frente en la mesa de la sala de mi abuela, reposa la fotografía sin sonrisas y yo me cuestiono de  cómo llegó hasta allí trayendo consigo el mismo sentimiento de desconsuelo y rigidez que el fotógrafo plasmo ese día.
No cabe ninguna duda de que los años pasan pero las fotografías no permiten olvidar a aquellos que aún sin conocerlos pueden hacernos crear  fantasías acerca de sus historias.


Autor: adrixnac

¡Amante de la tecnología!

9 thoughts

  1. Me gusta la narrativa, de esas que te llevan a mirarlo todo… Sentí pena por Berta y por los hijos, y hasta por Lázaro, quien en algún momento desistió de la vida cuando pudo haber aprovechado la compañía de su familia luego de un pasado tan difícil.

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  2. Cuántas historias detrás de una imagen! Tan quietas pero siempre tan vívidas que son las fotos! Pareciera que no pasan los años, hoy en la cultura de la “selfie” seguimos queriendo aparentar lo que no es, lo que no somos!

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