ELECCIONES YUCATÁN 2018 (II): ¿CÓMO? ¿QUIÉN?

ELECCIONES  YUCATÁN 2018 (II): ¿CÓMO? ¿QUIÉN? 
Raúl R. Dzul Paredes

La elección interna de los candidatos del PRI, y específicamente los de  gobernadores, siempre se envuelve por el inefable, indescriptible, “dedazo”. Eso autoriza a su militancia y a la generalidad a especular antes y después de su terrible ejecución. Esto se creyó superado durante los dos sexenios que gobernó el PAN, por obvia falta del “gran elector”, como coloquialmente se le reconocía al Presidente de la República. Entonces, como otros partidos, comenzaron a acudir a las encuestas, con todo y sospechosas, para legitimar su selección.  Actualmente, reinstalada  la figura presidencial y re-injertado el dedo selector, supuestamente mejorado con el escáner de las encuestas, retomó una de sus excepcionales tareas, ejerciéndolo, si no alegre tampoco tan incómodo que lo  lleve a rechazarlo. Así, la selección del candidato a gobernador por el PRI pasa por un proceso singular, expectante, animado, diríamos que tiene algo de deporte. Se forman equipos, barras, clubes de amigos y seguidores como se asumen: “El amigo Libo”, “Los amigos de Jorge Carlos”, etc. Todo ello propicia una especie de participación que usualmente dura hasta que inexorablemente llega la designación. Casi nunca se sabe cómo o por qué resultó  vencedor determinado candidato. Esto autoriza a que durante tal proceso la militancia priísta se trence en especulaciones e interpretaciones de las actitudes, movimientos y  acciones de los actores políticos involucrados. Se buscan afanosamente señales. Se consultan encuestas y sondeos en los medios de comunicación. Se releen las opiniones de los analistas. Se recurre al “aplausómetro” en determinados eventos públicos, se ponderan los puestos y los saltos en el escalafón público, incluso se analiza el árbol genealógico, que incluye padrinos de los pretendientes, etc., etc. Disque los más analíticos de la “política real” razonan quién o por qué el “Preciso”  se inclinaría por tal candidato. Si a todo esto le agregamos  la enorme cantidad de precandidatos, digamos patitos, que se suman alegres a la contienda, argumentando que siempre fue su “sueño de niño” y por consiguiente desde siempre se han preparado para ello, repetimos, el proceso termina por ser simpático, animado. Mucho de esto son resabios de los tiempos en que el PRI irremediablemente ganaba las elecciones. Ya no es así en la mayoría de las entidades. Incluso donde no han conocido la alternancia, por ejemplo el Estado de México, no hay triunfo asegurado para el tricolor. No es el caso de Yucatán, donde desde hace ya buen tiempo la competencia se encuentra presente.  ¿Cómo cambian las condiciones y las reglas del juego eso? Consideramos que mucho, pues, aunque lo del “gran elector” subsista, ya no son aquellos tiempos en que si el PRI nominaba a un perro, seguro que su maquinaria lo hacía gobernador o presidente municipal. Un asunto coyuntural que se vino a sumar al bagaje priista ha provenido del propio discurso presidencial en razón de su retorno al Poder Ejecutivo, hablamos justamente del llamado “nuevo priísmo”, cuyos explícitos ejemplos: Duarte, Borge, Moreira, etc., uno a uno fueron disputando quién realizaba los peores ilícitos. De tal forma que ante la presión social actualmente son materia  de la justicia penal. Esto pone a contracorriente a algunos precandidatos que a querer o no navegaban con esa banderita (Pablito Gamboa, Mauricio Sahuí, Victor Caballero, Panchito Torres, etc.). Como que les urge deslindarse de esta etiqueta; especialmente a Pablito, cuyos seguidores y no pocos priístas propagan la interpretación que las lisonjas a su padre hechas por Peña Nieto en un evento local implicaban el mensaje cifrado que por ese lado se apuntaba el dedo del Presidente. Parecería más bien el beso del diablo. Otro factor que sin duda pesa en la decisión sobre el candidato es la opinión del gobernador en turno. Aquí es elemental suponer que intentará la unción de uno de los suyos, lo 

que otorga puntos a favor, acaso, y si entendemos bien, a Víctor Caballero. Pero si el gobernador siempre tuviera mano para elegir a su potencial sucesor, el dedo del presidencial estaría atrofiado.  La sabiduría priísta condensada en aquella frase: “…tú ya bailaste, te toca sentarte”, supone la premisa que siempre será mayor el ejército de los que esperan fuera de la estructura de gobierno en turno. Esto suele, con seguras excepciones, reflejarse en las encuestas.  Tenemos materia de sobra para conversar en los días siguientes….

Autor: adrixnac

¡Amante de la tecnología!

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s